miércoles, 6 de julio de 2011

SE BUSCA DORADAS Y LUBINAS MARCADAS "RECOMPENSA"



 Hace unas semanas pude participar en unas jornadas de marcaje de peces, ¿para que? leer atentamente el post y lo entendereis.
La universidad de Alicante a traves del departamento de ciencias del mar, ha realizado un marcaje especial de doradas y lubinas de granja para provocar un escape y estudiar su comportamiento, para lo que es fundamental que todos los que pescamos cerca colaboremos, ¿como? pues facil, tan solo debemos avisarles si capturamos algún ejemplar marcado, y ademas se nos recompensara. 
La Universidad de Alicante gratificará con entre dos y 15 euros los ejemplares de lubina y dorada rescatados en alta mar de las piscifactorías de Guardamar en las que permanecen en estudio estos animales. Los investigadores han marcado con una señal amarilla (como en la imagen inferior) a los ejemplares de control.
Prevenir los escapes de los peces criados en acuicultura: éste es el objetivo de un proyecto de investigación europeo para evitar los perjuicios tanto económicos como ecológicos que causan estos percances. La Universidad de Alicante lidera un paquete de trabajo centrado en doradas y lubinas que implica un seguimiento de los ejemplares huidos, lo que incluye implantarles dispositivos electrónicos o gratificar a los pescadores que entreguen los que capturen.
El paquete de trabajo del proyecto Prevent Escape que lidera la UA se lleva a cabo dentro de las actividades del Departamento de Ciencias del Mar y el Instituto Ramón Margalef. Lo coordina el profesor Pablo Sánchez. Participan también en esta investigación las universidades de Las Palmas y el País Vasco. En el proyecto Prevent Escape, que forma parte del 7º Programa Marco de la Unión Europea, participan siete países incluida España con varios centros de investigación cada uno.
"Aunque los escapes en acuicultura están más estudiados en el norte de Europa, especialmente en lo que respecta al salmón y el bacalao, en el Mediterráneo hay menos conocimiento sobre este tema", indica Pablo Sánchez.
La línea de investigación de la UA se centra fundamentalmente en las doradas y las lubinas. La bahía de Guardamar concentra una importante actividad de crianza de ambas especies, con unas 4.000 toneladas anuales. Los investigadores estudian tanto su capacidad de alimentarse como de reproducirse en libertad, sus efectos ecológicos y las posibilidades de recaptura.
Las jaulas de cultivo se pueden agujerear, romper o hundir, ya que están expuestas a fricciones y temporales e incluso acciones intencionadas, y con ello originarse desde un goteo de escapes hasta fugas masivas de animales. El desgaste que sufren estas estructuras exige su inspección periódica por buceadores. Algunos cálculos en Escocia, donde hay importantes cultivos de salmón, sitúan hasta en un 20 por ciento los peces que se pierden por estas causas.
Las jaulas suelen ser estructuras de hasta 15 metros de profundidad y de 15 o 20 metros de diámetro, ubicadas a una distancia de unos 3 a 6 kilómetros de la costa. Pueden contener entre 50 y 100 toneladas de peces, a razón de unos 20 kilos por metro cúbico Y aparte de un considerable prejuicio económico —el sector trabaja con márgenes muy ajustados y tiene un alto componente artesanal, con empleo intensivo de mano de obra—, los escapes generan impactos medioambientales.
HIBRIDACIÓN
Uno de ellos, de hibridación. Los ejemplares de crianza han sido objeto de una selección genética, por ejemplo para prevenir el canibalismo. Los animales se sacan para su venta en el mercado cuando son jóvenes y sexualmente inmaduros, pero si escapan pueden desarrollar la capacidad de aparearse y mezclar sus características genéticas con sus congéneres salvajes, con consencuencias que se están estudiando. Sin embargo, avisa Pablo Sánchez, la selección practicada por los acuicultores ha tenido poco tiempo para modificarlos significativamente y, además, renuevan con periodicidad la línea de reproducción con animales salvajes, manteniendo las cepas a unos niveles próximos a su origen genético. Pero como a veces estos ejemplares proceden de lugares alejados se ignoran sus efectos sobre la población autóctona.
 A estos peces se les alimenta con pienso, en su mayor parte de origen vegetal y de harina de pescado, pero a los cuatro días de haber vuelto a la libertad se alimentan de forma natural y competirán en la búsqueda de alimento con los individuos salvajes. Asimismo, debido al hacinamiento en que han crecido, son víctimas frecuentes de parásitos, que pueden transmitir.
Para intentar su recaptura los investigadores tienen presente que lubinas y doradas son peces listos y aprenden a interpretar los sonidos. Así, por ejemplo, puede relacionar pronto el ruido de un motor de embarcación con la llegada del alimento. Por ello están experimentando con distintos sonidos, acostumbrando a los animales a relacionarlos con la comida. Confían en que de esta manera las ejemplares amaestrados durante su cautiverio se dirigirán a las redes y cercos preparados para capturarles. Asimismo, como las doradas se sumergen durante el día a cierta profundidad pero de noche ascienden y se desplazan cerca de la superficie, se está investigando cómo atraerlas con focos de luz.
TRANSMISORES ACÚSTICOS
Los investigadores saben distinguir cuando una dorada o lubina capturada en mar abierto procede de una piscifactoría. Por ejemplo, si presenta deformaciones en el morro o aletas desgastadas por el roce revelan que han estado encerradas. También se realizan análisis en laboratorio de sus vísceras, que incluyen determinaciones genéticas.
Para los científicos es importante el seguimiento detallado del recorrido de los ejemplares que vuelven a mar abierto. Para ello marcan los peces de dos maneras. Una es colocarles un pequeña etiqueta de plástico identificadora. Si un pescador captura luego el pez, recibe entre 2 y 15 euros según entregue a la Universidad de Alicante la marca, las vísceras o el ejemplar entero congelado.
Otro método es la implantación de un transmisor acústico microelectrónico en la cavidad gástrica de animales seleccionados, cuya señal es recogida por detectores sumergidos situados a algunos kilómetros alrededor de las granjas. Este método ha permitido su seguimiento y determinar que no suelen alejarse más de unos 10 kilómetros de ellas, e incluso a veces regresan cerca de su jaula de origen.
El equipo de investigación de la UA viene practicando desde hace más de un año escapes simulados a gran escala, que hasta el momento suman un par de millares de lubinas y doradas marcados. Diversas campañas de difusión realizadas entre los pescadores locales, tanto profesionales como deportivos, les anima a devolver los peces con una gratificación por colaborar con este objetivo científico.
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