El Biotopo de Torredembarra: el mayor arrecife artificial del Mediterráneo
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Dentro de las jornadas del Tagging Tour de Santa Pola de junio de 2023, en la conferencia que dimos en el castillo, Oriol nos presentó un proyecto que llevaba más de quince años gestando: el mayor arrecife artificial submarino construido nunca en el Mediterráneo, frente a Torredembarra, en Tarragona. Lo grabé porque me pareció una de esas cosas que hay que ver para creer.
El origen se remonta a más de veinticinco años atrás, a Miquel Rota, socio de Oriol en el proyecto, que se dedicaba al cultivo de roca viva —rocas de carbonato cálcico de una pureza del 98-99% que colocaba en el fondo marino bajo concesión y que después vendía a los grandes acuarios europeos, Barcelona entre sus principales clientes—. De ahí surgió la idea de ir más allá: en vez de hundir un pecio, construir directamente una megaestructura de esa misma roca.
Entre 2009 y los años siguientes, un equipo multidisciplinar —ingenieros de caminos, oceanógrafos, biólogos marinos, geólogos, buceadores— hizo una campaña oceanográfica completa del litoral entre Torredembarra y Roda de Barà, con buque oceanográfico incluido, para decidir dónde y cómo construir. El resultado: una estructura piramidal de escolleras de carbonato cálcico puro, del tamaño de un campo de fútbol, que arranca a 34 metros de profundidad y sube hasta los 12, con 40.000 metros cúbicos de roca. La comparación que dio Oriol se me quedó grabada: es como un edificio de planta baja más cuatro plantas, entero bajo el agua.
La roca no es cualquier piedra. Procede de canteras del Baix Penedès formadas hace 25 millones de años a partir de arrecifes de coral fosilizados, y todavía se pueden ver fósiles enteros en algunas escolleras, aunque Oriol avisó de que con los años quedarán cubiertos por la biodiversidad que se está instalando encima. La construcción empezó en diciembre de 2022 y enero de 2023: un gánguil cargaba la roca en el contradique del puerto de Torredembarra y la vertía en el punto exacto mediante un sistema de posicionamiento dinámico, siguiendo una malla virtual, no al azar. La Generalitat de Catalunya otorgó la concesión submarina, de 22.400 metros cuadrados.
Lo que más me interesó fue la rapidez de la respuesta biológica. En la primera semana ya había comunidades bacterianas y algas cubriendo la roca. Poco después aparecieron pulpos, bogas, sardinas, atunes, y un gallo de San Pedro que llevaba años sin verse en las zonas rocosas de Torredembarra. Con la corriente de Liguria reciente, delfines dando vueltas alrededor de la montaña. Oriol lo explicó con una idea sencilla: el material ya viene del mar, así que el mar lo reconoce como propio y coloniza rápido.
Detrás del proyecto está NART, Natural Art Rift, la entidad que coordina a los grupos científicos que quieran monitorizar la estructura en las próximas décadas, y detrás de la financiación, el propio puerto de Torredembarra como promotor. Oriol contó que cuando presentaron la idea a la Generalitat en 2007 la respuesta fue que llegaban diez años pronto, que nadie sabía todavía bajo qué figura jurídica encajar algo así, si era pesca, costas, acuicultura o medio ambiente. Diecisiete años después, ahí está, abierto al buceo recreativo y citado como pieza destacada de la Estrategia Marítima de Cataluña 2030.
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