Segundo webinar del Campus Open del Tagging Tour, 10 de abril de 2024, otra vez desde mi casa. Fede Valls arrancó citando a Aristóteles y a Alan Kay —el mejor método de predecir el futuro es inventarlo— y con esa idea reunió a siete voces muy distintas para hablar de hacia dónde va la pesca recreativa: Martín Cabello de los Cobos, científico de AZTI y pescador; Marta Pujol-Baucells, de ICATMAR; Eduardo Coto, Raspacejo; Raquel Ramírez; Olivier Portrat, ex director de la asociación europea de fabricantes de material de pesca; y Diego Flores, presidente de APRA en Andalucía. Francisco Fernández, de la revista Entre Cañas, se quedó en tierra por un problema de vuelos.
Marta Pujol abrió con datos de ICATMAR, el centro que desde 2018 monitoriza la pesca recreativa en Cataluña con unas 112 jornadas de muestreo al año y entre 800 y 1.000 encuestas online. La foto hasta 2022: unos 46.000 pescadores con licencia en una comunidad de 7,5 millones de habitantes, el 70% caña desde costa, un 20% desde embarcación, el resto submarina. Y una cifra que dejó a todos en silencio un momento: la pesca recreativa captura en Cataluña alrededor del 3% de lo que captura la flota profesional, pero mueve un valor económico parecido al de la primera venta de esa misma flota profesional, unos 8 millones de euros, sobre todo en viajes y material.
Diego Flores no se anduvo con rodeos cuando Fede le preguntó si veía un futuro prometedor. No, directamente no, dijo. Tres motivos: la avalancha de normativa dispersa y descontrolada, la falta de peces que vamos a tener que pescar, y la dispersión en tantas modalidades distintas. Olivier Portrat, que aprendió español pescando en Argentina y lo advirtió antes de hablar, fue más allá: el peligro real no es ecológico, es ético. En Alemania y Suiza ya está prohibido devolver el pez al agua después de capturarlo; otros países de la Unión Europea van en esa dirección. Y cuando además se demuestra que el 90% del pescado europeo es seguro para el consumo humano, el argumento de pescar solo por placer se queda sin defensa fácil.
Martín Cabello trajo una idea que le rondaba de un profesor suyo en Las Palmas, José Juan Castro: gestionar el mar como se gestionan las fincas privadas en tierra, con planes de aprovechamiento cinegético y alguien responsable del seguimiento de cada zona. También recordó aquel cartel de WWF con una fila de atunes en el que el primero llevaba cabeza de oso panda —por un panda nos preocupamos, por un atún no, aunque nos lo estemos comiendo. Raquel Ramírez, que empezó a pescar a los 14 años enseñada por una mujer de su familia, contó que solo el 2% de las licencias de pesca recreativa en España son de mujeres, un 3% en la profesional, y que todavía se encuentra comentarios de todo tipo cuando pesca sola en un puerto.
En la segunda vuelta cada uno pidió sus tres deseos. Diego Flores: ciencia ciudadana, cogestión y que la administración explique por qué regula como regula, no solo que regule. Martín Cabello: más libertad con más control —puso el ejemplo de una aplicación que vio en Miami donde cada especie aparece en rojo o en azul según si la veda está abierta o cerrada—. Eduardo Coto pidió más pesca selectiva en el sector profesional, menos arrastre, y sobre todo respeto estricto de los cupos por parte de los recreativos: si ya tienes tu captura, se acabó, aunque pique otra.
Marta Pujol cerró explicando la mesa de cogestión de pesca recreativa marina que se constituyó en Cataluña el año anterior, con una propuesta que casi coincidía con la del propio sector: talla mínima ligada a la talla de primera madurez, un bag limit diario y vedas biológicas por especie. Diego Flores remató recordando que llevan pidiendo tallas biológicas desde 2008, y con un dato que se me quedó grabado: España tiene doce reservas marinas de interés pesquero y la pesca recreativa solo puede entrar, con limitaciones, en la de Cabo de Gata. En el resto se permite casi cualquier arte menos el anzuelo.
Fede cerró recordando que esta charla era la segunda de nueve —tres en Barcelona, tres en Santa Pola, tres en L'Ametlla de Mar— y que todas se recopilarán en una publicación conjunta.
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