Sexto campus de la temporada, tercero y último de la misión de Santa Pola, 6 de junio de 2024. Fede reunió esta vez a Germán Sabuco, responsable de marketing en el sector del material de pesca; a Francisco Fernández, director de la revista Entre Cañas; y a Albert Villanueva, presidente de la Asociación Catalana para una Pesca Responsable. Yo, además de anfitrión, acabé metido de lleno en la conversación.
Fede propuso cuatro perfiles de pescador en redes: el que simplemente comparte su afición, el divulgador que enseña técnica, el que busca sobre todo notoriedad, y el embajador de marca. Francisco estuvo de acuerdo con el esquema, aunque advirtió de que la frontera entre divulgador y buscador de protagonismo a veces se difumina. Germán explicó cómo se selecciona a un colaborador desde el lado de la marca: lo sano es que la persona conozca de verdad el material que promociona y lo explique con honestidad, no que venda humo por unos señuelos gratis. Francisco fue más allá y señaló algo que me pareció el fondo real del problema: hay divulgadores que cambian de marca cada semana, hoy el mejor carrete del mundo es uno, mañana otro, y eso empobrece el mercado tanto como los que buscan pura notoriedad.
Albert puso un ejemplo muy concreto de daño real: en Cataluña se modificó una normativa de pesca de sepia a raíz de publicaciones de capturas masivas que empezaron a circular en redes. La imagen, para bien o para mal, condiciona la norma.
Ahí conté mi propia historia, porque me la pidieron como receta. Llevo treinta años como profesional de la comunicación y la publicidad. Empecé conectándome a internet con módem, en el canal IRC hispano, y monté mi primer blog en 2007 u 2008, cuando Google acababa de comprar YouTube y aparecían plataformas como WordPress y Blogger, abiertas a cualquiera sin conocimientos técnicos. Un profesor, Enrique Dans, dio una charla en Alicante que se me quedó grabada: para que un blog funcione hay que escribir sin parar y ser honesto, porque a la larga se nota si no lo eres. El problema es que yo no podía abrir un blog honesto sobre mi agencia de publicidad —la mitad de mis clientes se hubieran ido, la otra mitad se los habría llevado la competencia—. Pero sí podía equivocarme sin consecuencias hablando de pesca, que era mi otra afición, la que aprendí peor y más despacio. Así nació Andrés y la Pesca, como mi cocina experimental. De ahí a los vídeos, y de los vídeos a un canal que hoy roza los treinta y tantos mil suscriptores y dieciséis millones de reproducciones. He pasado por varias marcas —Duo, Yo-Zuri, Illex, Owner— probando, aprendiendo, y ahora mismo estoy en un paréntesis, sin ataduras con ninguna.
Lo que no soporto, y lo dije sin rodeos, es la falta de ética disfrazada de contenido: gente que se cambia tres polos para simular tres capturas distintas con el mismo pez, o que saca una sepia viva, la aparta y coloca en su lugar el señuelo que quiere vender. Una vez, grabando para Canal Plus, el cámara me sugirió cambiar el señuelo real por otro para la toma. Me negué. No es la realidad, y punto.
Germán defendió que hay colaboradores que sí lo hacen bien —puso como ejemplo a Raspacejo, a Carlos Kayak, a Sandelure Fishing— gente que no entra en polémicas ni salseo para ganar seguidores. Francisco matizó una frase de Fede que no le convenció: no es cierto que lo que perdura sea lo que publicas, dijo, porque un post se entierra bajo treinta más en un par de días. Lo que de verdad influye es lo que haces, el ejemplo que le das a tu compañero de pesca en el muelle. Y añadió un diagnóstico más incómodo: cuando llegaron las redes sociales, muchas marcas dejaron de pagar departamentos de marketing y prefirieron regalar dos señuelos a un chaval con una GoPro en el pecho. Eso vació de valor al sector, hundió las revistas especializadas —hoy Entre Cañas es de las pocas que quedan en castellano— y empujó a las grandes marcas internacionales a abandonar a sus distribuidores locales. Germán matizó que eso es más bien globalización que falta de ética: los márgenes se estrechan y hay que recortar intermediarios para seguir siendo competitivo frente a las grandes plataformas.
Cerramos con una pregunta de Fede: ¿qué imagen proyectamos a quien no pesca, el ecologista respetuoso o el depredador salvaje? Albert lo resumió mejor que nadie: el daño real no lo hace tanto el debate entre unos y otros, sino esa foto del cubo repleto de pescado que alguien sube por puro ego, sin importarle si se pasa del cupo. Francisco se resistió a comparar pesca y caza con toreo —son categorías distintas, dijo, mientras haya carne y pescado en el mundo se van a seguir sacrificando animales—, y Germán zanjó que a quien es animalista convencido no lo va a convencer nada de lo que hagamos; el trabajo real está en el resto, en mostrar que esto es una afición sana, tan sana como salir en bici. Con esta charla se cerró la edición de Santa Pola. La próxima cita, en noviembre, en L'Ametlla de Mar.
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