Pesca Recreativa y Salud: una visión integral



Primer webinar de la misión de L'Ametlla de Mar, 5 de noviembre de 2024, dos días antes de que empezara el marcaje de atún en el pueblo. Fede reunió a tres pescadores en las antípodas el uno del otro: Martín Cabello, científico y atleta de pesca; Félix Ruiz, con 71 años y medio siglo pescando el Estrecho; y Toni Vedra, guía de pesca en Barcelona que se mueve en silla de ruedas.

Martín lleva más de quince años entrenando, viene del crossfit de competición y hoy entrena fuerza, movilidad, equilibrio, respiración, incluso baños fríos, en un gimnasio de Barcelona. Antes de la temporada de atún mete peso muerto rumano para fortalecer la cadena posterior, la que aguanta el combate cuando pescas de pie. Aun así, reconoce que no hay entrenamiento que prepare del todo el cuerpo para hora y media tirando de un atún: llegó a pelear cinco en un mismo día en Canarias y al siguiente no podía moverse.

Félix, con 71 años, sigue yendo al gimnasio, camina casi dos horas al día y juega al tenis. Empezó a pescar antes de caminar bien —con cinco o seis años ayudaba a los mareantes de Torremolinos a sacar el copo de la playa— y lleva cincuenta años pescando la costa de Marbella hasta Ceuta y el Estrecho entero, hasta Barbate. Tiene cinco nietos y dice que su mayor felicidad es que le acompañen a cazar y a pescar.

Pero la historia que más me tocó fue la de Toni. Pescaba con su padre desde los tres años, en barca, en río, en alta montaña. A mitad de su vida tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas. En el hospital, contó, pensaba que no volvería a moverse de una cama; el deporte que le impusieron allí lo llevó, con los años, a competir en esquí de nieve en los Juegos Paralímpicos de invierno de Salt Lake City, en 2002. Tuvo que elegir entre seguir compitiendo a ese nivel de exigencia o vivir de otra manera, y encontró la pesca de nuevo, primero escribiendo artículos sobre técnicas desde una barca, luego como guía profesional de un charter en Barcelona. En silla de ruedas, dijo, un barco apenas exige moverse. Y desde hace unos años se ha construido una silla todoterreno con ruedas fat y neumáticos con clavos para meterse en el río a pescar truchas en alta montaña, algo que le baja la ansiedad, según contó, a medida que avanza el día.

Toni mencionó programas que existen fuera de España y aquí no: Fishing for Therapy, en Estados Unidos, con pesca a mosca para veteranos de guerra; Pink Fly Fishers, para mujeres que han pasado por una mastectomía y recuperan movilidad del tren superior lanzando mosca; Kids for Friends, contra conductas antisociales en jóvenes. Nada de eso, coincidieron los tres, se ha intentado todavía aquí.

Fede citó estudios de universidades australianas, españolas e inglesas: pescar reduce el cortisol, la hormona del estrés, mejora el sueño y la función cognitiva, y libera dopamina con cada pequeño logro, una técnica nueva dominada, una suelta bien hecha. Fede le preguntó a Félix cómo se enseña a pescar a un niño cuyo padre no pesca, y admitió que no conoce escuelas de pesca formales en España: casi todo se transmite todavía de abuelos a nietos, o mirando a algún pescador en el muelle hasta que alguien se da cuenta de que hay afición de verdad y le tiende una caña.

Félix cerró con un ruego que no era retórico: España es el único país de la Unión Europea sin ningún cupo de atún rojo para la pesca deportiva, mientras Francia o Italia permiten uno o dos ejemplares. Pidió que alguien de la administración explicara por qué, porque cada vez que lo han preguntado, dijo, solo han recibido silencio. Toni fue más directo: cree que hay intereses económicos tan grandes en torno al atún que tienen comprados a los políticos. No es una acusación que yo pueda verificar, pero la frustración detrás de ella es real y la comparten los dos.

Vídeo completo: https://www.youtube.com/watch?v=wAf8ZtSEXyI

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