Ceuta, la puerta del Mediterráneo. Territorio, Mar y Pesca



14 de mayo de 2026, doceava misión del Tagging Tour, la segunda de este año, esta vez en Ceuta. Yo tuve que dejar el mando a Fede a mitad de un viaje en coche, así que este webinar lo escuché conduciendo. Los invitados: David Macías, director del Centro Oceanográfico del IEO en Málaga, y Alfonso Morey, patrón del Excalibur, veterinario y ceutí de toda la vida.

David explicó algo que no había oído nunca formulado así: el Estrecho de Gibraltar funciona como frontera para unas especies y como corredor para otras. Para la melva atlántica es un límite de distribución; para el atún rojo, en cambio, es la puerta de entrada hacia sus zonas de puesta en el Mediterráneo. Las tortugas bobas juveniles lo cruzan con facilidad arrastradas por las corrientes atlánticas superficiales, pero luego se quedan atrapadas dentro hasta que tienen fuerza suficiente para volver a salir nadando. Y hay un dato de cambio climático que me dejó pensando: la tortuga boba está empezando a poner huevos en playas más occidentales de lo habitual, porque el sexo de las crías depende de la temperatura de incubación, y con el Mediterráneo un par de grados más caliente, buscan playas más frías donde no salgan solo hembras. Las están encontrando cerca del Estrecho, en el mar de Alborán, que se mantiene más fresco por los afloramientos de agua profunda.

También contó que el hueco que dejó el desplome histórico del atún rojo en torno a 2012 lo está ocupando el atún listado, que ahora se reproduce en el Mediterráneo occidental cuando antes venía siempre del Atlántico. Y que la sardina, en cambio, está teniendo malos reclutamientos porque el alga microscópica de la que se alimentan sus larvas tiene un margen de temperatura muy estrecho, y el calentamiento la está empujando fuera de la zona.

Alfonso Morey contó su propia historia, que a mí me atrapó más que cualquier dato. Compró su primer barco en 1996, siete metros con un motor, enamorado de fotos de atunes gigantes en la costa catalana que él daba por imposibles en su mar. Entonces la talla mínima de atún eran 6,4 kilos, y los barcos de Bermeo que faenaban cada octubre en el Estrecho sacaban atunes de 10 o 12 kilos a cientos; él y sus amigos se quedaban embobados mirándolos desde su propio barco. Un día de aquel mismo año, pescando junto a la isla del Perejil, vio a unos 800 metros un barco de bandera inglesa, el Shimano, y por los prismáticos presenció cómo las dos cañas de popa salían volando: habían enganchado algo grande. Aquello lo cambió todo. Montaron cañas con carretes cada vez más grandes, del 6/0 al 9/0 y luego al Penn Senator 12/0, hasta que empezaron a embarcar atunes de 130 y 140 kilos ellos mismos, siempre en septiembre y octubre. Y con eso dejó de hacer falta viajar a Santa Pola para pescar un atún grande.

Le preguntó Fede cómo se explica la singularidad de vivir en Ceuta a alguien que nunca ha estado. Alfonso respondió con un dato concreto que dice más que cualquier discurso: en menos de seis millas náuticas se puede pasar de 17 grados en la playa a 24 grados mar adentro, y bañarse al norte es bañarse en agua atlántica, mientras que al sur ya es mediterránea, con otra salinidad y otra transparencia.

David cerró con una reflexión sobre la ciencia ciudadana que me pareció justa: dijo que el primero que trabajó así fue Darwin, con su red de corresponsales por medio mundo. Lleva más de veinte años colaborando con asociaciones de pesca deportiva en Baleares y Cataluña para marcaje y muestreo biológico de túnidos, una colaboración que él prefiere llamar colaboración ciudadana en la ciencia, no ciencia ciudadana, porque la ciencia no se hace en las ciudades. Fede remató recordando los tres objetivos del Tagging Tour: organizar el marcaje, formar y sensibilizar a quien participa, y hacer que la sociedad conozca el trabajo real de los pescadores recreativos, precisamente porque a veces se nos pone en la picota los que menos representan al colectivo.

Vídeo completo: https://www.youtube.com/watch?v=DOdoFOiJ8II

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