Esto no es una disciplina, es un sitio. A partir de los cien metros empiezo a hablar de gran fondo, y lo que cambia ahí abajo es que ya casi no llega luz, y de esa falta de luz cuelga todo lo demás, qué peces hay, cómo se comportan y qué aparejo hay que montar. Entre ochenta y ciento veinte metros hay muchísima diferencia de caída, de subida y de luz, y las especies que se sacan a ochenta no son las mismas que las que están a ciento veinte.
La técnica principal de esta profundidad es un aparejo de carnada con plomo y cinco anzuelos, uno cada veinticinco centímetros sobre la línea madre, con brazolada de diez centímetros hasta el anzuelo, anzuelo de pico de loro, línea de fluorocarbono del 0,60 y plomo desde trescientos gramos, más según la corriente, cebado con gamba, calamar a trozos, sardina o trozos de jurel, siempre fresco si se puede. Metro y cuarto de aparejo trabaja justo encima del plomo, así que no se pesca la columna de agua, se pesca el metro pegado al fondo, exactamente lo contrario del brumeo, donde se cala en el tercio medio-alto y se espera al pez que sube.
Hay tres grupos de peces y conviene distinguirlos. Solo aquí aparecen brótola, besugo y cherna, las que de verdad justifican bajar. Arriba raras y abajo abundantes están gallineta, congrio, mero y mero dentón, el grupo interesante de verdad para quien ya pesca, porque conocer al dentón a cuarenta metros no dice nada de cómo se comporta a ciento veinte. Y como indicadoras están besugo y brótola, aunque la que de verdad marca es la sonda, si marca pescado hay que insistir aunque tarden en subir, porque cuando suben confirman que la marca es la buena. Además de esta técnica propia, aquí también llegan otras tres del portal cuando el fondo lo permite, inchiku, tai rubber y jigging.
La ventana es primavera y otoño, porque en invierno el mar aprieta, hace frío y hay pocas horas de luz, y en verano el sol y el calor a bordo durante toda la jornada son difíciles de aguantar.
El equipo
Abajo no hay luz suficiente para que el pez distinga la línea, así que aquí, al revés que en el resto del portal, no molesta que sea gruesa, se sobredimensiona, y lo que se pierde en discreción se gana en resistencia, que hace falta porque el fondo es roca y cascajo y arriba puede subir una cherna de cincuenta kilos. De ahí sale una decisión que sorprende a mucha gente, no monto nada fusible, ningún nudo débil calculado para que ceda en el enganche, porque el aparejo va por encima de lo que la roca puede romper, así que cuando se engancha pierdo el plomo o algún anzuelo, no la jornada entera. El carrete eléctrico lo uso por comodidad, sin más justificación, alivia el trabajo de subir y bajar, mero transporte, no encuentra el pez ni lo convence. Los sitios se localizan por marcas guardadas, muchas de mucho antes de que existiera la sonda, que no las descubre sino que las confirma.
Consejos para quien empieza
Si vas a bajar por primera vez a gran fondo, ten claro antes de salir que lo más importante es fondear bien el barco, porque cada intento cuesta minuto y medio o dos de bajada, otro tanto de subida y hasta cuatro minutos de aparejo viajando en total, así que elige bien el sitio antes de mojar. No montes nada fusible, ni un nudo débil pensado para ceder en el enganche. Y ten presente antes de bajar que aquí no se suelta, el pescado sube con la vejiga reventada, así que esta es, para mí, despensa y no deporte, salgo poquísimo, una vez al año o ninguna, y cuando salgo, salgo a por comida con cuatro o seis pescadores para llenar la nevera sin desperdiciar nada.
El otro extremo
En este portal hay una página que es lo contrario exacto de esta, en rock fishing bajo cinco gramos, afino la línea hasta donde aguanta y devuelvo absolutamente todo, y aquí bajo trescientos gramos, engordo la línea y no devuelvo nada. Las dos son mías, y el mero y la gallineta aparecen en las dos, aquí adultos, a más de cien metros, allí crías de medio palmo entre las piedras, las dos puntas de la vida del mismo pez. Quien solo publicara una de las dos páginas daría una imagen falsa de cómo pesco, por eso están las dos, con su motivo escrito.
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